La generación de los hombres que nunca terminaron de crecer
Angie Cespedes
5/28/20253 min read


Un fenómeno con nombre propio
Lo que muchos observan en su entorno cotidiano tiene respaldo académico. En el año 2000, el psicólogo Jeffrey Jensen Arnett de la Universidad de Clark introdujo el concepto de adultez emergente para describir una etapa entre la adolescencia tardía y la adultez temprana, que abarca aproximadamente de los 18 a los 29 años, caracterizada por jóvenes que aún no tienen hijos, no viven de forma independiente o no cuentan con ingresos suficientes para sostenerse por sí mismos.
Lo relevante es que en las últimas décadas, en lugar de entrar al matrimonio y a la paternidad a inicios de los veinte, la mayoría de las personas pospone esas transiciones hasta alrededor de los 30 años, pasando sus veintes en una exploración centrada en sí mismos mientras prueban distintas posibilidades en el amor y el trabajo.
Este fenómeno no es solo una tendencia cultural: es una transformación profunda en cómo se construye la identidad adulta, y afecta de manera particular a los hombres.
¿Qué está pasando realmente?
Cuando hablamos de hombres que no logran consolidar su vida adulta, no hablamos solo de relaciones de pareja. Hablamos de tres dimensiones que la psicología del desarrollo considera fundamentales: estabilidad económica, madurez emocional y construcción de identidad y propósito.
El problema es que muchos hombres llegan a los 30 o 40 años con una brecha significativa en la segunda de esas dimensiones. La masculinidad hegemónica, concepto introducido por la socióloga Raewyn Connell, se refiere a un modelo idealizado que privilegia el control emocional, la autosuficiencia y la fortaleza física, marginando otras formas de ser hombre. Ese modelo, aprendido desde la infancia, deja a muchos adultos sin herramientas para gestionar lo que sienten.
El resultado es predecible: en el ámbito de la salud mental, los estigmas de género dificultan que los hombres busquen ayuda ante problemas como la depresión o la ansiedad. En muchos casos, estas emociones se expresan mediante ira o conductas autodestructivas.
El peso de lo que nunca se enseñó
Muchos hombres crecieron escuchando frases que hoy reconocemos como limitantes: "Los hombres no lloran." "Aguanta." "Eso es de niños." Esas frases no son inocuas. Generan una desconexión temprana de la vida emocional que se arrastra hasta la adultez.
Según investigadores de la Universidad de Costa Rica, los hombres muestran un mayor hermetismo a la hora de hablar de sus emociones porque, de acuerdo con la masculinidad tradicional, el hombre siempre debe mostrar estabilidad emocional y jamás mostrarse débil o vulnerable.
Las cifras confirman el problema. Solo uno de cada cinco hombres consideró en el último año buscar ayuda de un profesional de salud mental. De ellos, menos de la mitad lo concretó, lo que significa que apenas el 10% de los hombres consultó con un especialista.
Y en Colombia el panorama es igualmente preocupante: según el DANE, en 2022 los hombres representaron el 78% de las muertes por suicidio en el país. Son números que hablan de un sufrimiento silencioso que no está recibiendo la atención que merece.
El contexto también importa
No todo viene del pasado. El presente también complica las cosas. El estancamiento de los salarios para trabajadores poco calificados, la falta de oportunidades laborales para jóvenes, los altos costos de la educación y de la vida independiente han hecho que el camino hacia la adultez sea más prolongado, complejo y variable.
A eso se suma que los roles masculinos tradicionales colapsaron sin que nadie enseñara los nuevos. Muchos hombres sienten que ya no saben qué se espera de ellos, y esa incertidumbre sobre la identidad genera parálisis, no acción.
Esto no es un defecto de carácter
Quizás el punto más importante de todo lo anterior es este: las dificultades que enfrentan muchos hombres para consolidar su vida adulta no son una señal de debilidad ni de falta de voluntad. Son el resultado de una crianza que no les dio ciertas herramientas, combinada con un contexto social y económico que les cambió las reglas a mitad del camino.
La investigación en psicología evolutiva muestra que la crisis de la mediana edad en los varones se transita en estrecha articulación con la llamada crisis de la masculinidad, y esto sigue aconteciendo.
La buena noticia es que esas herramientas se pueden desarrollar. No importa la edad. No importa cuánto tiempo haya pasado.
El primer paso es la conversación
En Psicologa Angie Cespedes acompañamos a hombres y mujeres que están listos para entenderse mejor y construir una vida adulta más plena, más conectada y más auténtica. Trabajamos de forma individual y en pareja, tanto presencial como virtualmente, con psicólogos especializados que entienden estas dinámicas sin juzgar.
No hace falta estar en crisis para pedir ayuda. A veces basta con sentir que algo puede ser mejor.
Si deseas iniciar un proceso de acompañamiento psicológico puedes agendar tu consulta a través de Doctoralia o whatsapp.
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